El legado de Petro y la esperanza regional

El senador Iván Cepeda lidera las encuestas rumbo a las presidenciales de 2026 en Colombia, mientras el proyecto político de Gustavo Petro busca consolidarse y la derecha intenta reagruparse alrededor del uribismo. ¿Se encamina el país hacia la continuidad progresista o a un nuevo choque político?

GEOPOLÍTICA

3/10/20266 min read

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Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico y figura clave de la izquierda progresista colombiana, se perfila como el principal favorito para las elecciones presidenciales de Colombia en mayo de 2026, según múltiples encuestas recientes realizadas por firmas como Celag Data, Guarumo/Ecoanalítica, Invamer. En sondeos de enero y febrero de 2026, Cepeda lidera la intención de voto en primera vuelta con rangos entre el 30% y el 38,2%, superando a competidores como Abelardo de la Espriella, con rangos entre 22-25,2%, y los demás candidatos presidenciales. La pendiente pronunciada de preferencias en favor de Cepeda se debe a varios factores: el respaldo por el presidente Petro, quien lo posiciona como continuador de las reformas sociales y de paz iniciadas en 2022; su trayectoria en derechos humanos, como impulsor de procesos contra paramilitares y el expresidente Álvaro Uribe; y un contexto de polarización donde el Pacto Histórico capitaliza el 49% de aprobación de Petro.

Esto, debido a la consecución de varios avances de política pública con una mejora importante en la percepción de su gestión, especialmente en el ámbito social. Entre los hitos más relevantes se encuentran la reforma pensional aprobada, que introduce un sistema de pilares para ampliar la cobertura y garantizar un ingreso básico a adultos mayores sin pensión; la reforma laboral que sube sustancialmente el poder adquisitivo del salario básico; la expansión de programas de transferencias para población vulnerable, particularmente para adultos mayores; los avances en reforma agraria mediante compra y formalización de tierras para campesinos; y una mayor inversión en educación superior pública y ampliación de la gratuidad. A estos elementos se suma una moderación reciente de indicadores macroeconómicos —como la reducción de la inflación desde los picos de 2023, estabilización del peso frente al dólar y una recuperación gradual del crecimiento— que ha permitido al gobierno sostener una narrativa de estabilización económica en paralelo con su agenda social. En conjunto, estas medidas han contribuido a fortalecer la base política del gobierno en sectores populares y rurales (aunque no tan fuerte en el centro urbano de Bogotá), así como entre jóvenes beneficiarios de políticas educativas.

El sistema de votación colombiano (no obligatorio) enfrenta desafíos como el ausentismo que supera el 50% presenta múltiples custionamientos. Cepeda y Petro han enfatizado propuestas como una reforma política para eliminar el CNE (ente administrativo bajo el control de los partidos políticos más votados), que no organiza los comicios (lo hace la Registraduría Civil), al que acusa de parcialidad tras bloquear su participación en consultas internas y abrir la puerta de posibles fraudes electrónicos (los sistemas informáticos de transmisión de datos y escrutinios son provistos y controlados por empresas privadas).

La oposición de la derecha que tacha al Pacto de "entreguista" a criminales, y un entorno de violencia creciente (narcotráfico, oro ilegal) erosionando su narrativa de paz. Si gana el Pacto, representaría la consolidación de la izquierda en Colombia, similar a la alternancia de 2022, pero con riesgos de fragmentación interna si no logra mayorías en el Congreso. Por otro lado, dicha continuidad política expone a Colombia a una relación de tensión política con Trump en un contexto de conflicto bélico global y un accionar de Estados Unidos por posicionar su poder geopolítico sobre toda legalidad internacional con el nuevo “Escudo de las Américas”.

Las recientes elecciones legislativas de Colombia del 09 de marzo, que definió a los nuevos miembros del Senado, a la Cámara de Representantes y una consulta para determinar los candidatos que acompañarán a Cepeda en la papeleta presidencial en mayo, enmarcan a la tendencia progresista como mayoría política para futuras decisiones internas. De acuerdo con el pre-conteo de la Registraduría, con el 99,56% de las mesas informadas, el Pacto Histórico fue la fuerza política más votada en el Senado, con 4.413.636 votos; le siguen el Centro Democrático (3.035.715 votos), el Partido Liberal (2.275.182), la Alianza por Colombia (1.904.154) y el Partido Conservador (1.863.663). La distribución de los 102 escaños se redefinió: según las proyecciones, el Pacto Histórico se quedaría con 25 curules, cinco más que en el Senado actual, y se mantendría como la fuerza con más puestos. Centro Democrático (partido Uribista), pasaría de 13 escaños a 17 (y un potencial 18 con el candidato que quede en segundo lugar en las presidenciales) en el próximo Senado, el Partido Liberal con 13 curules, una menos que en 2022; la Alianza Verde y el Conservador con 11 curules cada uno; y el Partido de la U con 9 escaños.

Ver más: DISCURSO DE IVÁN CEPEDA - RESULTADOS PACTO HISTÓRICO ELECCIONES AL CONGRESO 2026

Por el otro lado, la nueva Cámara de Representantes queda conformada de la siguiente manera, reflejando un mapa político plural donde ninguna fuerza tiene mayoría absoluta:

Centro Democrático: Se consolida como la primera fuerza en la Cámara Baja. Según las proyecciones, obtendría alrededor de 2.56 millones de votos, lo que se traduciría en un incremento significativo de su representación, alcanzando aproximadamente 29 curules. Partido Liberal: Se mantiene como una de las fuerzas tradicionales más importantes, logrando cerca de 2.11 millones de votos y convirtiéndose en la segunda bancada más grande, con un estimado de 18 curules. Partido Conservador: Otra colectividad tradicional que conserva un peso tradicionalmente relevante en aproximadamente 1.97 millones de votos, obtendría 16 curules . Pacto Histórico: Aunque ganó el Senado, en la Cámara de Representantes quedó como la cuarta fuerza en votación nacional. Sin embargo, su poder legislativo es notable. Obtuvo cerca de 1.55 millones de votos sumando sus diferentes listas, lo que, gracias a su alta votación en regiones clave (Bogotá, Antioquia, Valle, Caribe), le permitiría alcanzar un estimado de 17 o más curules, un crecimiento significativo respecto al periodo anterior . Partido de la U: Logra cerca de 1.05 millones de votos, proyectándose con aproximadamente 9 curules . Otras Colectividades: El resto de la corporación se distribuye entre partidos como Cambio Radical, Alianza Verde, Movimiento de Salvación Nacional, y las curules especiales (afros, indígenas, paz) y de colombianos en el exterior, que suman alrededor de 16 curules adicionales.

En la consulta interpartidista, donde el Pacto Histórico decidió no participar en protesta por el contexto del Consejo Nacional Electoral, la gran ganadora fue la candidata del uribismo, Paloma Valencia, quien arrasó con más de 3.1 millones de votos (45.7% de los sufragios de su coalición), consolidándose como la figura más votada de toda la jornada y proyectando un resurgimiento contundente de la derecha tradicional bajo la disciplina política del Centro Democrático y el influjo del expresidente Uribe . Este resultado, sin embargo, encierra una paradoja estratégica: mientras Valencia se erige como la líder indiscutible de la oposición, lo hace desde un bloque que, aunque mayoritario en las primarias (concentró el 83% de la participación), evidenció una fragmentación interna que quedó expuesta con la sorpresiva segunda votación de Juan Daniel Oviedo (más de 1.2 millones de votos), un tecnócrata que atrajo a sectores urbanos moderados con un discurso alejado de la polarización . La lectura progresista de este escenario es que, si bien la derecha recupera musculatura electoral, no logra unificar su liderazgo y se encamina a una disputa fratricida entre el uribismo ortodoxo y las nuevas expresiones de centroderecha, mientras que la izquierda, pese a su bajo perfil en las consultas, mantiene intacta su estructura territorial y legislativa para la batalla presidencial de mayo

El verdadero significado estratégico de esta elección radica en que Colombia, un país históricamente gobernado por élites conservadoras y marcado por la violencia antisubversiva, ha institucionalizado un polo progresista competitivo y con vocación de poder de largo plazo, rompiendo el mito de que las transformaciones sociales en contextos hostiles son intrínsecamente efímeras. La fragmentación del Congreso resultante —sin mayorías automáticas para ningún bloque— obligará al progresismo a desplegar su máxima capacidad de diálogo programático y construcción de coaliciones plurales, no desde la debilidad, sino desde la fortaleza de ser la primera minoría organizada, en un escenario donde el centro colapsado y los partidos tradicionales deberán definirse frente a una disyuntiva histórica: sumarse a las transformaciones con agenda social o alinearse con una oposición que, aunque ruidosa, aún no logra articular un proyecto de país alternativo al cambio.